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September 02

De la escuela de Arpías...

Tampaxeando...

-- Mamá, yo quiero ser chica tampax.

Eso me dijo mi enanita de tres el otro día, después de bailar uno de los anuncios de las muñequitas de las Tampax.
Y mi nena no sabe qué es un tampax, aún, claro (la de cinco sí, pero no, ya le he dicho que no se los dejo para jugar con las muñecas que salen muy caros), pero le gusta la música, y le gusta el baile, y le gustan los colores y ella ya ha decidido que de mayor quiere tener reglas tan estupendas como deben tener las muñequitas de las Tampax, que bailan de gusto todo el rato con salsa y colores.

Y yo en pleno SPM que estoy que muerdo a quien simplemente me mire y con ganas de sexo que me están dejando sin pilas al vibrador todo el rato...pienso...

-- Dita sea, la cría tiene razón...seguro que mi vida sexual sería mucho mejor si yo hubiera tenido tan claro que lo que tenía que ser de mayor era chica támpax, y llevar tanga y bailar con la cadera marcando pecho todo el rato y feliz de la vida por tener una cintura imposible de sujetar el resto de la cabeza...

Qué suerte tienen las nuevas generaciones, pudiendo elegir sus ídolos sociales en los anuncios de la tele...


August 30

Claves para triunfar en contactos

Ante la petición de ayuda por parte de amigos que querían mejorar sus perfiles (y obviamente sus resultados) en webs de contactos, escribí este artículo.
 
Primero.

    Sé tú mism@. Parece evidente, pero cuando tenemos que describirnos y más si es por escrito y ante unos cien mil lectores potenciales y desconocidos, a todos nos sale el Zorrilla que llevamos dentro y terminamos vendiendo empanadillas en la orilla. Fingirte alguien que no eres sólo conseguirá que frustres a la persona que se muestra interesado en ti, y a ti te generará mucho stress, mantener la ficción de que somos escritores de novelas de misterio cuando en realidad vendemos pisos supone un esfuerzo innecesario. Los trabajadores de inmobiliarias también tienenmucho atractivo. Seguro que tú deseas sinceridad, pues ofrece lo que te gustaría recibir.

    Segundo.

    Tú eres una persona interesante por ti mismo, pero los contrarios no lo saben. Etiquetar a las personas en la vida es muy feo, pero seamos realistas, las etiquetas es lo primero que se lee en una tienda de ropa. Y tú acabas de ponerte en un escaparate. Eres "un sincero y normal chico alicantino de 26 años con ganas de conocer una chica de edad similar".
    Pero si añades a todo esto..., "y mi aroma preferido para el aceite de masaje es la menta", habrás conseguido en catorce palabras diferenciarte de todos los demás, ofrecer una imagen de ti mucho más sexy y apetecible y transmitir mucha información positiva sobre ti.

    Tercero.

    Las fotos de partes genitales en primer plano no suelen resultar especialmente exitosas como tarjeta de visita. Si te encanta tu cuerpo y quieres lucirlo, enhorabuena por ello y no olvides apuntarte a la próxima actuación de Spencer Tunick, pero, mientras tanto, vete a un fotomatón y hazte alguna que puedas mostrar por la red sin que corra el riesgo de terminar en alguna Web de estas que a todos nos gusta visitar. A las personas les suele gustar conocer primero la cara de los propietarios de los genitales con los que van a charlar.

    Cuarto.

    En vez de emitir declaraciones como " Mis veintiocho cms te harán gritar de placer", prueba a escribir " Hay dos cosas que no me canso nunca de paladear: una mariscada y una mujer",y ya veremos con qué reclamo obtienes más respuestas. Ya tendrás tiempo de comentarle a la afortunada las medidas que va a tener a su disposición. A todos nos apetecen más las parejas que se preocupan del placer ajeno antes que de lucir sus habilidades.

    Quinto.

    El sentido del humor es el mejor afrodisíaco conocido después del cuerno de unicornio. Haz reír a tu pareja. Es el mejor imán. Si no eres uno de los guionistas del Club de la Comedia no importa, basta con ser auténtico y divertido.
    Siempre es preferible contar aquella vez que saliste de casa con un zapato y un playero en cada pie, que el rosario de trabajos basura de losque te han despedido en los últimos tres años.

    Sexto.

    La confianza atrae. La seguridad vende. Las personas sonrientes atraen a las demás. Si crees que no lo eres en la medida suficiente, empieza a practicar desde ya, prueba a transmitir eso en tu perfil y en los mensajes con los que contactes con otras personas. Por último, el sexo nos gusta a todos, pero el poder de atracción del morbo elegantemente generado es muy superior a la que provocan las proposiciones sexuales precipitadas y manifiestas.
    Un poco de morbo puede ser mucho... puede ser la guinda de ese estupendo pastel que vais a comeros juntos... Suerte y muchos contactos.

Entre amantes y fogones


Una amiga me preguntaba la semana pasada, delante de un par de cafés, que si el sexo al final no se me hacía siempre muy repetitivo.

Y pensé sobre ello mientras preparaba de forma automática la cena. En mitad del trajín entre fogones, me di cuenta de que me faltaban un par de ingredientes para lo que había pensado cocinar.

Menudo problema.

¿Qué hacer ante algo así?

Las opciones son varias, pero hay que pensar con claridad y decidirse con rapidez por una de ellas, no olvidemos que hay ya comida al fuego, calentándose, y que la temperatura es volátil, como las oportunidades:

¿Se viste uno, baja a la calle, llega hasta la tienda y compra lo que falta, si tiene suerte de encontrarlo a esas horas? Ese método, aunque lento, es seguro en los resultados: uno termina preparando la receta con los ingredientes y los pasos que ya conoce. Sin sorpresas de última hora, sin sabores nuevos ni tiempos que uno no controla.

 ¿Se queda uno tal como está, con la ropa ya manchada por la faena, y sigue adelante confiando en su intuición y en la experiencia de muchas cenas frente a los mismo fuegos y cacerolas y se arriesga a ver qué sale? Este sistema no garantiza apenas buenos resultados, más bien falla en muchas ocasiones, y lo único que a veces consigue uno es una mezcla apenas comestible de aspecto raramente apetecible.

 ¿Deja uno lo que sea en el mínimo de fuego, deseando que no se enfríe demasiado ni se queme hasta volverse inservible y busca la ayuda de cualquier persona cercana?

 ¿O, en otra versión, deja uno esa sartén en la zona no caliente de la vitrocerámica y hurga en Internet en busca de posibles recetas alternativas con esos ingredientes, o entre las páginas de los libros de cocina que olvidó en el estante de madera el anterior inquilino de la casa?

 La última posibilidad incluye el tirar todo, casi cacerolas incluidas, a la basura y pedir por teléfono comida preparada a domicilio…pero esta ni siquiera es una opción en sí misma, es lo que al final haremos todos si fracasan las estrategias anteriores.

 Al final llegué a la conclusión de que el cómo reaccionamos en la cocina ante situaciones inesperadas, nos retrata mucho sobre el cómo somos en la cama…

 Yo creo que los hay que siempre repiten el mismo guiso, con los mismos ingredientes y el mismo proceso, meticuloso, de preparación.

A algunos de mis amantes los reconocería a ciegas por sus pasos:

 **Besos en la boca cinco minutos, beso rápido en la oreja, medio minuto, toqueteo de pechos, tres minutos, bajada simultánea a la cadera, cremallera mientras beso (breve, medio minuto) de nuevo en la boca…¡Juan Luis, el contable!

** Besos en el cuello, mano en la cintura, besos en los pechos, mano en la cintura…beso en la boca, mano en la cintura mientras se toca el cierre del sujetador, ¡Guillermo, el bailaor!

** Mano bajo la falda, bajo en el escote, mano en los pechos, mano en…¿cuántas manos? ¡Piti, el pulpo!

** Mano en la rodilla ascendente por el norte, mientras la otra ataca la cara sur hasta soltar el sujetador como paso previo a atacar la cumbre…¡Paco, el montañero!

 

En cambio, yo soy de las que se queda a luchar contra la nevera, e intenta conseguir un resultado nuevo y sabroso con lo que en ese momento la naturaleza ha puesto en sus manos…

lo contrario me parece feo, casi como si después de haber subido a la habitación de un chico una decidiera invitar al chino que trae el menú especial para dos porque ha descubierto que lo que hay debajo del pantalón del nuevo aspirante a amante no llena la sartén que una ya tiene a punto.

 Claro que, a veces, al final, una lamenta tanto que no acepten propinas en especie los telepizzeros…

De mis antiguos artículos

El cheque erótico

Estaba de compras y, al abonar el importe con una tarjeta de crédito, de pronto me pareció un elemento de lo más erótico.

¿La erótica en una tarjeta de crédito....?

Mmm...tengo un grupito de amigas que dirían que si no es American Express Platinum...no tiene mayor erotismo.

Pero, imaginando el erotismo que transmite ese deslizarse de la banda magnética de la tarjetita a través del lector, esa tarjeta en que está escrito en relieve el nombre deseado, y que resulta braille de pasión al dejarse leer por nuestras yemas hambrientas, he recordado una época en que pasaban por mis manos muchos cheques.

A mí sí que los cheques me han parecido siempre dotados de un cuerpo para el pecado, digo, para el placer.

Son de los pocos documentos que aún exigen ser manuscritos.

Se rellenan con mimo, casi con delicadeza, como se apartan los tirantes de un vestido para permitir que se deslice hasta los pies y muestre la desnudez que enmarca, no que oculta.

A veces se rellenan con pluma, con una de esas plumas gruesas de las que hay que desenroscar el capuchón, lentamente, vuelta a vuelta. Se agita un poco la pluma en el aire y, con un gracioso movimiento, de espadachín avezado, se escribe la filigrana, mientras el plumín de oro va dejando que bombee, eficazmente, letra a letra, una y otra vez, con su ritmo, con el ritmo propio que le imprime la mano certera que le guía,...la tinta...auténtica soberana sobre el papel coloreado.

Y la firma, al final, con un arabesco rápido. Tanto bombeo que culmina en un solo instante, finalizando en una sola descarga de energía, ¡ya!, todo el proceso.

Se toma el cheque, con dos dedos y cuidado de no mancharse , y se tira, suavemente, desde abajo hacia arriba, separándolo, como con desgana, de su unión , siguiendo la línea de puntos.

Y se entrega.

Si además se cruza, con esas dos líneas paralelas, para que sea sólo de abono en cuenta, es como ponerle la corbata a un cheque. Los cheques así bien trajeados siempre me han dado ganas de invitarles a tomar algo, en vez de rellenar el documento correspondiente y que fuesen compensados, o, en realidad, lo que me apetece es compensar a los propietarios de esas corbatas de estampados tan parecidos a los propios cheques de ese nudo que los separa de mi lado del mostrador…y sacar con cuidado su pluma del bolsillo y emplearla yo

Hoteles antisexo

Hoteles  anti-sexo?

Cuando se ha conseguido salvar el obstáculo de la primera impresión en una cita, y la química ya ha hablado, las pieles han quedado y los ojos se han puesto de acuerdo en mirarse en posición más horizontal…aún no está todo ganado en la batalla en busca de un rato de sexo compartido y placentero.

Ellos vienen generalmente tan apuestos, tan apolíneos, tan...tan....¡follables!...incluso a veces con corbata en malva, que es una de mis debilidades, y terminamos, faltaría más, en el hotel (¿la cadena hotelera Meliá no tiene participaciones en empresas de preservativos?)y al llegar a la habitación, al momento de la verdad, la realidad empieza a pegarle bofetadas a una.

Primero, hay dos camas.

Cuando uno reserva habitación doble, cuando en recepción se reafirma en solicitar habitación doble con una SOLA cama, ¿es mucho esperar que haya una cama, una, sola, y grande, y libre...?

Porque, además, estas camas sencillas son de las que en cuanto uno hace presión en medio, se abren, te dejan tirada (literalmente, sobre la moqueta y en la posición menos erotizante posible) y allá te las apañes.

Segundo, la luz es criminal.

Tienen más iluminación que la feria de abril en el momento del encendido. Y no se pueden apagar en parte, no.

Están conectadas entre sí las lamparitas variadas, por no se sabe qué mecanismo diabólico y, además, como uno no tiene ganas ni tiempo de marcar el cero y preguntar en recepción si es posible alguna combinación de encendido/apagado…

O todas encendidas, o a oscuras, con lo que se acaba uno desnudando con la luz del baño y la puerta de este abierta.

Tercero, se empieza a quitar una el vestidito con veintiocho botoncitos, la rodillera oculta bajo la media porque se había hecho un esguince saliendo del gimnasio, la peluca rubia platino que hace juego con las gafas de sol, las lentillas verdes que hacen juego con el colgante de turquesa, guardándolas con cuidado en su estuchito no se vayan a perder que cuestan un riñón, el colgante con la Virgen del Carmen, el de la Virgen del Camino, la Dolorosa, la Cruz de la Victoria, el Cristo del Buen Hacer (¿será una indirecta?), el Crucifijo, el corazón del Día de la Madre,...y se da cuenta, cuando se ha enganchado el pelo con la Virgen de Covadonga, que su acompañante se ha quedado dormidito sobre la almohada, sin importarle si la cama era una, o dos, o veintitrés.

Y en ese momento, una agradece no haberse llegado a quitar la faja, porque cada vez que lo hace se parte más uñas y porque por más que lo ha ensayado, aún no ha conseguido encontrar cómo sacársela sin que parezca aquello una extracción con fórceps y no un juego erótico. A la Demi Moore habría que verla en semejante situación intentando un striptease.

Así que vuelve a ponerse todo en el orden inverso al que se lo ha quitado, arropa al muchacho, cuyo nombre ni le ha dado tiempo a aprenderse, con una manta, y se baja al bar del hotel a ver si un irlandés con mucha nata y cucharilla para lamer compensa un tanto.

Afortunadamente, en esa ocasión a veces la providencia ayuda.

¿O ayuda a quién se ayuda?

No recuerdo el dicho, pero sí recuerdo que al subir de regreso a la habitación, dos irlandeses más feliz y mucha más nata en la conciencia, la canela espolvoreada debió hacer efecto.

Eso o el providencial santo que tuvo a bien averiar el ascensor justo entre el séptimo y el octavo piso, o que los bomberos tardaran más de una hora y media en llegar, porque había un incendio en la otra punta de la ciudad, o que el agradable ejecutivo con el que me quedé encerrada todo ese tiempo llevara en su maletín, además de preservativos y unas esposas forradas en rosa (creo que igualitas que unas que he visto en la Sex-shop virtual de Marqueze, ¿sería cliente de la tienda?), una petaca con escocés de doce años, que tuvo a bien compartir durante la espera, y que sumado a mis irlandeses previos desvió la conversación hacia el contenido de su maletín…

Y mientras él me contaba que llegaba tarde a una cita, y yo le contaba que me había ido pronto de la mía, decidimos comprobar si lo que cuentan de que la moqueta de los ascensores es tan mullida como un colchón es cierto.

Al menos en este hotel lo era. Confortable, mucho. Y el suelo, la pared y un asiento estrecho pero útil que había en la pared posterior.

No nos dio tiempo a comprobar más ángulos ni variaciones, pero sí a comprender por qué los hoteles no prestan tanta atención a cuántas camas ponen en las habitaciones de las parejas.

 

 

August 20

Dormir es multitud

¿Follando no es durmiendo?

Para mí es más sencillo tener sexo con alguien que dormir con esa persona.

Sé que mucha gente no lo entenderá, pero a mí dormir me parece un acto más íntimo que el follar, sin más.

 Hay cosas que no haría en público, si el público puede considerarse como tal a la presencia masculina, tales como depilarme, hacerme una mascarilla o sacarme una muela. Parir a ser posible también es algo que prefiero hacerlo rodeadas de féminas, aunque me ha tocado de todo, dada esa manía que ahora hay a que los hombres desarrollen su parte femenina asistiendo a partos, por ejemplo.

 Me ha pasado, supongo que a más gente también, eso de tener un encuentro sexual con alguien, y desear darse una ducha rápida y dormirse pronto…pero en solitario.

Si casi no me sé el nombre de pila del compañero en cuestión, ¿qué le hace suponer que me apetece dormir a su lado?

En un momento de fogosidad que termine con ambos compartiendo y deshaciendo camas, es lógico no percatarse ni del olor ni sabor ni tacto de la persona con quien uno esté…

Pero tras un sueño nocturno, ese tipo de cuestiones de pronto cobran su relevancia.

Despertarme en la cama y sentirme oprimida por un brazo no invitado a ceñir mi costado, que huele a una colonia que no me agrada (siempre he pensado que las colonias masculinas deberían venderlas en sobrecitos monodosis, como el suero para los niño pequeños, porque suelen errar la dosis siempre: o demasiado escasa, o demasiado abundante), y girarme y sentir el latigazo de una lija del doble cero en versión barba masculina de mañana frotando mi espalda…me hace repetirme aquello que uno siempre dice cuando descubre que tiene resaca (otra vez): “¿Pero por qué lo he hecho…? ¡No vuelvo a dejar que me pase!” (hasta la próxima ocasión, claro…los buenos propósitos duran sólo hasta la próxima ocasión de meter la pata).


Sin embargo, o la costumbre de pedir a las chicas que se queden a dormir empieza a estar muy extendida, o ellos piensan que son más galantes por sugerirlo, o a mí me han salido todos los últimos de ese mismo lote…porque me lo piden, y mucho.

 -- ¡Quédate a dormir! ¿Dónde vas?

 (¿Dónde? A mi cama, a mi habitación, a mi ciudad…a…donde sea, ¿por qué das por sentado que si hemos follado juntos tenemos que dormir juntos? Yo he dormido con montones de amigas, pero juro que nunca me las he follado, ni tengo la intención. Así que…¿por qué hay que unir el follar y el dormir?)

 Recuerdo una noche en que conseguir no unirlos fue especialmente difícil.

Asistía a un Congreso, y había quedado para cenar con un amigo. La cena se sustituyó por un copeo rápido con tapeo porque a él le había surgido un caso que le obligaba a abandonar la ciudad al día siguiente temprano.

Del bar del hotel de mi congreso subimos a mi habitación y continuamos intimando en nuestra amistad durante dos horas escasas.

Cuando él se marchó, una sentía como si la caja de los orgasmos se hubiera quedado abierta. Y no me apetecía cerrarla, pero tampoco me apetecía volver a abrirla yo misma, así que decidí vestirme y bajar a buscar lo único que suele sustituir al sexo: algo dulce.

En la esquina del hotel había una heladería, y como todavía no eran las once, bastante público.

No sé si fue que llevaba un vestido de verano sin ropa interior (me había dado pereza ponerme otro conjunto limpio), la forma en que devoré el cucurucho de chocolate o el rubor de mis mejillas que a mí me ha parecido siempre el color del sexo…lo que sucedió es que un caballero que era ponente en otro congreso paralelo, me invitó a repetir helado. Yo le dije que no me cabía nada más…y el chiste llevó a otro sobre lo satisfecha que yo estaba…y las risas llevaron al ascensor. Justo cuando íbamos a marcar el piso, él preguntó: -- ¿En tu habitación o en la mía? Y yo tuve reflejos para decir que la suya, porque recordaba que en la mía debía haber ropa y restos del sexo rápido aún por el suelo.

 El caballero era algo más rápido en la cama que mi amigo anterior, pero bastante más insatisfactorio. Tanto que cuando me fui (me pidió que me quedara a dormir, cómo no, pero alegué necesitar mis cosas y me dirigí a mi planta), dudé si volver a comprobar si la heladería estaba aún abierta…

No lo estaba. Pero el bar del hotel sí. Un whisky más tarde, regresaban los  rezagados de una cena que se había organizado en torno a mi propio congreso y de la que yo me había zafado para quedar con mi primer amigo, y un par de ellos se unieron a mí en la barra del bar.

Dos whiskies más tarde, se repitió la pregunta de -- ¿En tu habitación o…? por parte de uno de mis colegas, y yo, ya preparada para la respuesta, aunque con los reflejos algo más lentos, le dije que la suya, claro.

 Pero este amigo resultó ser un maniático del ‘Quédate a dormir’, y yo, ya demasiado cansada de quedarme con la caja de orgasmos abierta, me quedé…no por gusto, sino por no darme oportunidad a cruzar la puerta y volver a repetir ascensor con cuarto ocupante por esa noche.

 Claro que, personalmente, sigo prefiriendo esas cenas a pie de hotel, que te permiten pasar de postre a postre, sólo con viaje de ascensor en medio, e incluso aprovechando ya el ascenso, para bajar un poco el fuego que ha subido…pero de ascensores de hotel ya he hablado y repetir sólo es bueno con el postre…o el repostre. ;-)

July 30

Ser la otra no es rentable

Ay de los tapacubos...
 
Llevo días intentando que una Arpía amiga mía (de las solamente lectoras, si aún no ha sido barrida) deje a su última Víctima de cabecera, porque comiendo con ellos (me llevan de Asesora - bueno, él no sabe que invita a una Arpía Asesora, piensa que soy una amiga a la que a ella le hace ilu presentarle-, y yo les hago una autopsia a su perfil en el baño que ríete de los que he hecho para los messengers) el susodicho declaró haber gastado unos miles de euros en unas llantas de noséquétunadaimportadadedobleedobleu.
 
Y yo le explicaba a mi amiga que esa Víctima no le convenía, porque no ganaba tanto como para compensar esas aficiones.
Si uno se gasta un par de sueldos en semejante capricho, ¡no le queda para pasar por Tiffanys a satisfacer los caprichos propios de su Arpía de cabecera!
Y a los hechos me remito, con ella no lleva invertido en un par de meses ni lo que le han costado las fundas del semideportivo hortera que conduce.
 
Siempre me he negado a ser la 'otra' en una relación, pero menos aún aceptaría ser la segunda...¡y que el primero tuviera cuatro ruedas y peor amortiguación que yo!
 
 
Lady Arpía (copypasteado de su foro favorito)
 
July 18

(Antiguos artículos de mi columna de humor casual y sexual)

¿Cuándo un hombre es fiable?

Interesante variable.

Podríamos hacer un cuadro de doble entrada con esa idea :Follable / Fiable, para analizar con objetividad las diferentes opciones, pero yo creo que tengo claras por mí misma algunas cosas.

Por ejemplo, situaciones no fiables :

-- Nena, nena, no te preocupes, que tengo hecha la vasectomía

En ese momento una desvía la mirada hacía la foto de sus seis hijos colgada en una estantería de la habitación y piensa :¿Se la hizo entre el cuarto y el que se parece al butanero?

-- Me hago un análisis todos los meses, el último fue hace diez días y no me he acostado con nadie desde entonces

Y claro, él no recuerda que te contó que le dan pánico las agujas. Quiere follarte, y follarte sin protección , qué coño va a recordar nada...

-- Déjame cielo, te juro que no voy a irme dentro.

Dicho justo antes de que te atragantes toda.

-- Aquí, mismo, guapa, que no se va a enterar nadie.

La mancha en el sofá de tu madre que no salió con nada no habló, es cierto. Pero anda que no cantaba.

--Puedes fiarte, no he estado con ninguna mujer desde hace seis meses.

Esta es mi favorita...me la han dicho al menos dos tíos en los últimos meses, y en ambos casos me enteré horas más tarde de que esos meses no eran sino dos días. Eso sí, juro poner la misma cara de crédula al próximo que la quiera usar; total, yo voy a seguir con el preservativo en la mano y las piernas cruzadas mientras no lo abra...

-- ¿Me dejas que sea imaginativo...?

Mientras abre un maletín en el suelo y empieza a sacar una serie de correas extrañas y tú recuerdas que sólo sabes que se llama José García García y que siempre te llama desde cabinas y a ti nunca te responde cuando le dices ''Pepe''...

-- Voy a dejarla, en serio. Entre mi mujer y yo ya no hay nada

…Salvo tres hijos, un negocio, dos hipotecas y la suegra que vive con ellos...

-- Mi vida, te aseguro que es la primera vez que soy infiel

Bueno, ésta tiene a su favor que ha sido cierta al menos 'una' de las veces en que se ha dicho.

Para compensar...

-- Mira, yo creo que en realidad sólo vamos a ser buenos amigos -- dicho por Didi a cada uno de los ochocientos treinta y tres amantes antes de convertirse en uno de ellos.

 

 

(Antiguos artículos de mi columna de humor casual y sexual)

(Antiguos artículos de mi columna de humor casual y sexual)

 

Eligiendo restaurante el sábado noche

Vamos a contar intimidades...

A mí me gustan los sabores fuertes y sinceros.

La carne, con sabor a carne.

Eso sí, no con aspecto de carne que acaba de correr los sanfermines, yo si la veo sangrar lo que me provoca es hacerle una cura de urgencia, no comérmela. Y queda muy feo pedirles a los camareros tiritas en vez de sal.

El vino, tinto, salvo exigencias del menú, y reserva, claro.Si no lo pago yo, sobre todo.Si me toca invitar puedo tolerar hasta el rosado , y éste, si tiene burbujas como atrezzo, mejor.

He probado platos y cocinas exóticas por aquello de la experiencia cultural y por tener temad de conversación con las amistades y no quedar como una catetilla.

Pero lo que no tolero son ciertas mezclas que se me antojan herejías...

por ejemplo,

me gusta la piña

y

me gusta el chocolate

pero jamás he soportado esa tipo de tarta que califican de Selva Negra y que a mí me suena más bien a merienda de ídem, donde el chocolate y la piña mezclan sus sabores en una finalidad que ignoro.

Sin embargo,

hoy he tenido una revelación.

Leía los mensajes de un foro en el que participo y , al empezar un panel nuevo, uno de ellos, la letra de un tango de Gardel, casi me sacó las lágrimas...

 

Afortunadamente, mi ausencia de corazón me lo impidió de forma absoluta.

 Mientras mi mano derecha se alejaba por unos instantes del ratón y tanteaba a ciegas por la mesa buscando la caja de los kleenex que alguna vez coloqué pero que debe estar enterrada bajo revistas informáticas y textos académicos varios...

ya estaban mis ojos paladeando el segundo mensaje del panel.

Y prescindí ipso facto de los kleenex.

Es más, confieso que lo dejé a la cuarta línea sin terminar de leer, me fui al salón, me serví una copa de buen vino en una de mis copas favoritas y que ha logrado sobrevivir a mis dos retoños y  me lo he traido ante el ordenador

No recomiendo emular la experiencia,los de Hewlett Packard se muestran reacios a cambiarme el teclado por muy vigente que esté la garantía alegando no sé qué tonterías acerca de que no es defecto de fabricación que el tanino reaccione indebidamente con los componentes electrónicos de mi teclado...a mí me parece que insinuar que un Rioja no es compañía adecuada a una sesión de trabajo ante el ordenador es de poco caballeros y son ganas de librarse del muerto, pero, en fin, ése no era el tema que quería contar hoy.

He paladeado ambos placeres a un tiempo, el segundo mensaje, respuesta al anterior y el vino,y confieso mi incapacidad de discernir cuál me ha puesto de mejor humor.

La compañera de foro le hizo la autopsia a la letra de Gardel con tal dominio del escalpelo que creo que la han llamado como artista invitada para la nueva temporada de CSI.

Así que heme aquí, confesando que voy a darle otra oportunidad a la combinación antagónica de sabores ...

dulce y salado, dulce y amargo, dulce y picante

Ahora estoy dudando si irme a cenar a un chino, y pedirme un cerdo agridulce o un pato al limón, platos a los que me he resistido casi siempre...o a un argentino que tiene como destacadas unas costillas caramelizadas con las que nunca me he atrevido.

No, creo que prescindiré de la cena y me iré directamente a un pub que conozco y donde sirven unos margaritas de muerte, a juego con el camarero , que está para morirse...amarga la bebida, y azúcar en el borde de la copa....servirá como homenaje a ese panel. Después siempre puedo continuar en el bar de enfrente, con unos tequilas con su limón y su sal...

En fin, una no tiene aguante para tanto, pero en la imaginación las borracheras nunca son tan malas como en la vida real y en las resacas nunca duele la cabeza.

Pero, decididamente, le voy a dar otra oportunidad a ese pato caramelizado, o a esa ternera a la naranja.

 

July 04

Primeras veces

¿Primeras veces?

La realidad es que todos hemos sido vírgenes alguna vez.
A ver, que levante la mano quien no haya estado en esa situación nunca.
Por eso hay primeras veces de todas los tamaños y colores.

Hay primeras veces que son como una carrera al sprint.
Uno, o ambos, tienen prisa. Hay poco tiempo para todo. Para encontrarse, para tocarse, para besarse, para desnudarse.
Se reconocen estas ocasiones en la sensación de conejito de Alicia en el País de las Maravillas que le entra a uno.

--Hola, qué tal...¿Eras Alicia?
--Sí...tú Miguel, ¿no?
--No, Miguel no ha podido venir, le ha dado un ataque de apendicitis y está ingresado, pero no le operarán hasta el martes y me ha pasado el lugar de la cita, por si yo podía venir y a ti no te importaba.
-- Ya. ¿Y tienes otro nombre, o prefieres que te llame Miguel igualmente?
-- Pues me es indiferente.
-- Es que me había hecho a la idea de llamarte Miguel y yo soy muy escandalosa con los orgasmos. Me gusta gritar el nombre del contrario y como venía predispuesta a follar con Miguel....
--Pues a mí no me importa. Si no tengo que cambiarme el nombre en el Registro, puedes follar conmigo y llamarme como te parezca.
--Bien, pues dejando claro que esta tarde te llamas Miguel, más vale que nos movamos. Tengo que devolver las llaves del apartamento de mi amiga en cuatro horas. 

Hay otras primeras veces que son lánguidas y densas como una crema de nécoras.

 -- Javier...¿sabes?
-- ¿Qué, Catalina?
--  Que me alegro mucho de estar aquí, contigo, hoy, en este sitio, en este momento...
-- Yo también, Catalina.
-- Yo más, Javier.
-- Pero yo lo he pensado primero, cariño.
-- Claro, cielo, pero yo lo he dicho primero.
-- Lo que tú digas, amor.
-- No, mi vida, lo que tú quieras.
-- Faltaría más...tú mandas, nena.
-- No, no...que yo quiero complacerte, sólo.
--¿Sí ? Pues, Catalina de mi vida,si yo te dijera lo que deseo... 

(¡Por fin!, piensa ella, por fin vamos a dejar los violines que me han dejado sorda del oído izquierdo, la mesa en la terraza sobre la playa que me está dejando helada con la dichosa brisa marina, esta tanda de chupitos tan dulces que me han sacado dos caries nuevas, seguro. Por fin me va a invitar a que vayamos de una vez a la cama...) 

-- Catalina, amor...yo querría hacerte feliz, simplemente.
-- Ya, Javier, cariño y, ¿se te ocurre alguna forma en concreto de lograrlo?
-- Pues había pensado que tal vez podríamos vernos mañana para tomar un aperitivo, si no te parece demasiado atrevido por mi parte. 

(¡¡Dios mío!! La he fastidiado, piensa él, al ver el gesto de estupefacción en el rostro de ella. Ahora pensará que soy un lanzado, que no la valoro, que no la aprecio como mujer y no sólo como una posible compañera de cama...ahora sí que no me la tiro ni de aquí a vacaciones...). 

--¿Aperitivo? ¿Aperitivo? ¿Por quién me has tomado? 

Catalina se ha levantado, ha tirado la servilleta sobre la mesa, recoge su bolso con gesto contrariado y le clava una mirada ardiente a su acompañante.
-Por un momento pensé que tendrías sangre en las venas y una erección entre las piernas y que me invitarías a desayunar pero contigo después de pasar la noche en vela. Dado que está claro que la atracción no es mutua, no hace falta que me acompañes a casa...Uno de los violinistas me ha estado guiñando el ojo insistentemente, y aunque tiene barba y tengo cierta manía al hirsutismo facial, esta noche no me importa...me follaría hasta a la carta de mariscos si no fuera que se empeñan en que estén un poco vivos antes de introducirlos en la cazuela y esas pinzas pueden resultar peligrosas en las distancias cortas.
Un placer conocerte y no recuerdes mi número de teléfono hasta que cumplas la mayoría de edad, gracias. 

Hay primeras veces que son mágicas, simplemente.
Aunque la magia no se note en el momento.
Hay magias de efectos lentos.
Pero una bruja amiga me contó hace tiempo uno de los secretos para descubrir cuándo el sexo es sólo sexo y cuando está creando magia en su movimiento: 

Hay risas.
Si dos personas consiguen reírse desnudas...no importa qué número de vez sea. La risa no se puede falsificar ni fingir, no se puede uno reír con la persona equivocada, no entiende de relojes ni de lugares.

Follar es muy fácil.
Reírse follando, está al alcance de muy pocos.

 Si aún no han encontrado una pareja con la que reírse sea tan placentero como tocarse...búsquenla. No es cuestión de ser virgen toda la vida.